Cuando queremos vivir más sanos, es habitual que lo primero que se nos pase por la cabeza sea adoptar una dieta más equilibrada o empezar a hacer ejercicio. Sin embargo, no siempre nos acordamos de mejorar nuestros hábitos. Y por mucho que nos esforcemos por cuidar nuestra alimentación y forma física, no podremos estar sanos si nuestro sueño es un desastre. Nuestra salud física y nuestra salud mental no estarán bien.

Mientras dormimos, nuestro organismo aprovecha para repararse, para asimilar lo ocurrido durante el día y prepararse para rendir al máximo al día siguiente. Cuando no descansamos lo suficiente, estos procesos de reparación no se llevan a cabo correctamente, afectando nuestra velocidad mental, concentración, energía y estado de ánimo. Explicamos esto con más detalle a continuación.
- El cerebro procesa la información recibida durante el día. Mientras dormimos, el cerebro no detiene su actividad, ni mucho menos. Durante este tiempo, es responsable de procesar y almacenar la información a la que estuvo expuesto durante el día. Esto forma, por ejemplo, recuerdos a largo plazo.
- El sistema nervioso simpático se relaja. El sistema se encarga de reaccionar cuando percibimos peligro. Y también debes descansar para que el cerebro no esté constantemente en alerta, lo que puede desarrollar trastornos como la ansiedad o la depresión. También elevaría innecesariamente la presión arterial.
- La frecuencia cardíaca y la presión arterial bajan, así como nuestra frecuencia respiratoria y la temperatura corporal. Durante gran parte de la noche, el sistema vascular recibe el descanso necesario que necesita y que previene diversas enfermedades.
- Los niveles de cortisol caen. El cortisol, también conocido como la hormona del estrés, cae durante las primeras horas de sueño y vuelve a subir para que nos despertemos. De forma similar al punto anterior, el estrés cumple una función de protección del organismo frente a los peligros, pero cuando se agrega constantemente es muy perjudicial.
- El cuerpo segrega muchas hormonas. Varias hormonas se secretan durante el sueño, todas para diferentes propósitos. Por ejemplo, la melatonina, secretada por la glándula pineal, que controla el ciclo del sueño: sus niveles aumentan durante la noche, favoreciendo la somnolencia, y disminuyen con la luz solar, favoreciendo el despertar y el estado de alerta. Asimismo, cuando estamos durmiendo, la glándula pituitaria segrega la hormona del crecimiento, que no solo ayuda al cuerpo a crecer, sino que lo repara. ¿Alguna vez te has preguntado por qué tu cuerpo puede dormir tanto tiempo sin orinar? Esto se debe a la secreción de la hormona antidiurética (ADH) durante el sueño, lo que te ayuda a aguantar toda la noche sin ir al baño, mientras que durante el día sueles ir cada 2 o 3 horas.

- Los músculos se paralizan. Mientras estamos en la fase REM del sueño, cuando tenemos los sueños más vívidos, nuestros músculos se paralizan. Aunque este fenómeno no se conoce con certeza, muchos científicos piensan que su función puede ser la de evitar que gesticulemos o actuemos físicamente como si estuviéramos viviendo el sueño en la vida real.
- El sistema inmunitario secreta citocinas que combaten la inflamación. Cuando dormimos, el sistema inmunitario secreta citoquinas, pequeñas proteínas que, si estamos enfermos o lesionados, ayudan a nuestro cuerpo a combatir inflamaciones, infecciones y traumas.
Si no dormimos lo suficiente, estas funciones no se pueden realizar correctamente y nuestro cuerpo sentirá las consecuencias. Nos sentiremos más cansados durante el día, nuestra mente no estará fresca y nuestro estado de ánimo se deteriorará. De hecho, cuando hay una falta de sueño prolongada, se suele pasar más tiempo en la fase REM, lo que puede provocar demasiada actividad cerebral, provocando irritabilidad durante el día y aumentando las posibilidades de sufrir ansiedad o depresión.
Si sufres de insomnio u otros trastornos que afectan al sueño, como el síndrome de piernas inquietas o la apnea del sueño, siempre debes consultar a un profesional sanitario para intentar corregirlo a tiempo.
Una buena almohada. Sin ella, nuestro cuello, espalda y cuello no podrán relajarse como deberían, aumentando las posibilidades de sufrir tensión muscular y no poder liberar adecuadamente el estrés acumulado durante el día.
Un buen edredón de fibra o plumas. Una pieza indispensable si prefieres la comodidad. Una sola pieza que mantiene la temperatura de tu cama durante la noche, manteniéndote siempre abrigado y a tu gusto.
Un buen protector o cubrecama. No podemos dormir tranquilos cuando sentimos que en cualquier momento podemos manchar el colchón, que es muy difícil de lavar. En este sentido, los protectores de colchón son tus mejores amigos.
Unas buenas sábanas . Protegen el colchón y lo mantienen limpio y cubierto durante toda la noche.
¿Qué Pasa en el Cuerpo Cuando Dormimos? [Vídeo]
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